Desde ti mismo...
Porque aún juegas a creer, que lo puedes todo... Hace aproximadamente algunos y tantos años nació un niño con prisa. No hubo tiempo para preguntas ni para entender el mundo; apenas abrió los ojos y ya debía correr. Desde pequeño, vio la herida en las cosas, la fragilidad en los días, y en su pecho empezó a crecer el enojo, la ira, la desesperación. A veces, era un grito contenido; otras, un vacío inmenso... Quiso entenderse, pero no halló respuestas. Su interior se enredó como raíces apretadas, y sin saberlo, aprisionó su fuerza. A ciegas, lanzó flechas al vacío, sin saber a dónde apuntar. La presión de no detenerse lo hizo seguir adelante de forma impulsiva y no sabia, olvidándose de sí mismo. Trabajó sin descanso por todos menos por él, sin mirar las estrellas. Su mente y su corazón se llenaron de sombras, navegó en aguas turbias, en egos y miedos, convencido de que algo en él siempre estaba roto... Hasta que un día, agotado y con miedo, decidió entrar en su interior. Solt...